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Tengo que contarte algo

No podía dormir por sus ronquidos. Se puso lo cascos y seleccionó al azar una playlist de música para dormir. Se acercaba a los 35. Esa edad en la que tantos planes y sueños tenía. Esa edad en la que imaginó tendría las respuesta a todo. Por un momento, no sabe porque pero se acordó de ella. La recordó, y todo lo que significó para él. Su mundo, Su felicidad, sus valores, su fuerza y la vitalidad de cada mañana. Eso y más era ella.

Aquel chico durmiendo a su lado y roncando, mucho distaba de ese pasado con ella. Su presente era muy diferente a ese futuro que ella y él soñaron. 15 años son mucho tiempo.  La mujer de 65 que ahora vive en otro sitio nada tiene que ver con la mujer de 55 que tiempo atrás se despidió de él en aquel aeropuerto caribeño. Ni mucho menos con la mujer de 43 que le enseñó a tomar el autobús y a la que él contaba casi todos sus secretos. Sin duda el tampoco era el mismo.

De repente escuchó su voz, al otro lado, iba ella con su nueva familia. La escuchaba despertar, recordó que ella despertaba como él. Con ganas de comerse el mundo, con música, con una sonrisa. No sabía que hacer, ya no era parte de su mundo. Y ella era diferente. Se había convertido en una extraña para él, él y el chico que roncaba a su lado no tenía espacio en ese mundo que juntos construyeron y que ahora estaba lejano y cerrado para siempre.

De repente corrió hacía la puerta. La puerta no abría. Escuchaba su voz al otro lado, podía imaginar su luz, y esa sensación que sólo ella le había dado. Intentaba abrir la puerta, no quería gritar, no quería despertar al chico. Sabía que ambos mundos no podían unirse. Halaba la cerradura con todas sus fuerzas, pero la puerta no abría. Finalmente gritó: Aquí estoy ven! La puerta se abrió. Estaba ella a sus cuarenta años y estaba él con su camiseta Levi’s de los 90, quitándose el retendor de la boca. Ella elegante, amorosa, radiante, le hizo una señal para que no gritara más y no despertara al chico. Él le abrazó con todas sus fuerzas, lloró. Recordó como era todo antes de que ella cambiara, antes de que él cambiara y le dijo: abre la puerta.

Derepente entendió que todo era un sueño, y los ronquidos de él le despertaron. Fué dificil salir de su abrazo. Abandonarla, pero como ella misma le enseñó: hay que seguir hacia adelante. Así que abrió sus ojos llorozos, eran sus 11:00 de la mañana. Envió a su madre un audio de 5 minutos. No sabía que pasaría, pero por primera vez en mucho tiempo durmió tranquilo.

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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