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La cita

La primera vez que sentí que me gustaba un niño, nadie me lo dijo, pero algo me decía que no lo podía contar. No sabía que significaba ser gay, pero sabía que no era lo esperado de mi. Hay mucha cosas que me perdí y que no podré recuperar. Me hubiese gustado, por ejemplo, poder pedirle dinero a mi padre para invitar a Alberto al cine.

Mi primera vez fue a mis 17 años con un vecino del pueblo que tenía 45 años. Un día coincidimos en el autobús, yo iba sentado y él de pie a mi lado. No recuerdo quien tomó la iniciativa pero al ritmo de los los movimientos del autobús empecé sentir como su entrepierna rosaba mi hombro. Él no me gustaba mucho, pero si la sensación que  me producía en ese momento. Poco a poco el roce hizo que ambos nos empalmáramos.Tan pronto dejaron libre la silla del lado se sentó y me dijo: si quieres vamos a mi casa. Me dio las indicaciones necesarias para ser discretos.  Poco sabía hacer yo, y él no hizo más de lo que podía hacer un hombre que ha vivido 45 años escondiéndose. Fue solo sexo. ¿Me gustó? Más o menos. ¿Era lo que yo quería? No. ¿Romántico? Lo dudo. Pero era mucho más de lo que aun chico como yo se le permitía soñar en esa época y en ese lugar. Nada más lejos de un verano en la sur de Italia con un guiri guapo, sensible e inteligente y el apoyo emocional de unos padres poliglotas. Nada que ver con la película.

Alberto huyó a Madrid. Él era el maricón del pueblo. A mi no me pasaba eso, no tenía pluma. La pasó bastante mal.

Yo era su amigo y a escondidas lo consolaba, pero nunca lo apoyé en público. Ahora mismo me enfrentaría a todos ellos y me lo llevaría conmigo a cualquier otra parte, lejos de ese pueblo. Pero en ese momento era sólo un niño asustado.

Tal vez sea la culpa pero después de tanto tiempo y tantos chicos que han pasado por su vida y la mía, sigo sin poder decirle lo que siento por él.

Aguanté lo que pude en casa de mis padres, y a los 25 me fui a vivir a Madrid. A los 27 salí del armario, con mi hermano fue fácil pero con mis padres no. Después de tres años todo se trata con “normalidad”: es decir no se habla de mi homosexualidad. Aún creen que me fui del pueblo porque según ellos tenía las ínfulas de superioridad de los gays. No saben que en el fondo odio la ciudad. Y que me encantaría vivir en el Campo con Alberto.

Hace unos meses fui con mi hermano a ver: “Call me by your name”. A la salida me dice: Al final no lo tenéis tan difícil. A lo que yo respondo contándole con más detalles la historia que os he contado.

Hoy me ha llegado un sobre: Con 50 euros y una nota: “Lleva a Alberto al cine y cómprale palomitas. Es una cita que todos nos debemos hace ya varios años” Sólo espero que mi hermano no les haya contado los detalles de mi primera vez.

Llevaré a Alberto al cine, iremos aa ver: Call me by your name. Tal vez ver en la pantalla una historia que en su momento no tuvimos ni el derecho de soñar, nos haga o me haga más valiente para no perder más el tiempo y ver si todo lo que he soñado con él se puede hacer realidad.

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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