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Asco

La verdad es que no sé cómo contarlo. Se supone que una historia debe tener un inicio, una trama y un desenlace. Esta tiene inicio y trama pero el desenlace es confuso, al menos para mí. Ocurrió algo terrible pero por alguna razón es como si no hubiese pasado nada. 

Era un sábado en la noche y un amigo y yo estábamos en un bar. Yo había tomado un par de copas. De repente apareció Carles, un chico con el que me había liado algunas veces.

Se acercó y me invitó a una copa. Hablamos. Cuando se me acabó la bebida le dije:

—Te invito a una copa.

—Mejor hagamos una ronda de chupitos.

Hicimos dos.

Mi amigo ligó con un chico y gracias a ello yo estaba casi todo el tiempo con Carles. Siendo sinceros me estaba divirtiendo con él. Es un chico interesante. 

Me dijo que saliéramos un momento para tomar un poco de aire y así lo hicimos.

Bebí mucho esa noche y esa es una de las razones por las cuales no puedo categorizar con seguridad lo que pasó. En todo caso les contaré lo que recuerdo y lo más importante, lo que sentí.

Salir me vino muy bien. Él me tomaba de la mano y a mí no me parecía mal. Nos alejamos un poco del bar y nos sentamos en un portal.

En algún momento le dije que estaba cansado. Él me invitó a su casa, vivía a unos veinte minutos andando. No recuerdo haberle dicho sí o no pero sí recuerdo decirle que quería volver al bar y despedirme de mi amigo.

– Tu amigo lo está pasando muy bien. Mándale un mensaje y ya está. ¡Vámonos a casa!

Yo sabía que él quería follar y en ese momento tal vez me apetecía. Él sabía que no me gustaba hacerlo en la noche y que prefería la mañana, ya nos conocíamos. Pensé en dejarme llevar, ver cómo me sentiría al otro día y tomar una decisión ahí. Eso y descansar porque a esas alturas de la noche yo estaba agotado.

Intenté ir al bar para despedirme pero me tomó fuerte de la mano en dirección a su casa. Me resistí un poco pero al final cedí, me dejé llevar y caminé con él.

Jamás diré que me obligó porque sería mentira. Físicamente soy más fuerte que ese chico. Sobrio bastaría con hacer un poco de fuerza para obligarle a soltarme. Incluso quitando la fuerza de la ecuación yo podría haber gritado y pedir ayuda. También podría haber no bebido, salir de fiesta o no haber hecho todas aquellas cosas que me llevaron a esa situación.

Llegamos a su casa. Recuerdo que nos quedamos en ropa interior y yo entré en su cama con toda la intención de dormir. Le repetí varias veces que yo estaba borracho y cansado. Me besó el cuello y el cuerpo. Me desnudó. Le dije que no quería y que no me apetecía. El insistía. 

Suena raro pero si yo me pongo en su situación y pienso: estoy con un tío que ha accedido a venir conmigo hasta mi casa, está aquí, en mi cama, se ha dejado desnudar y dice que no quiere follar.  ¿Debería intentar seducirle? Al menos un poco ¿no? Tal vez quiere.

He seducido a chicos que me han dicho un no a la primera. ¿Puede ser aceptable que la contraparte lo intente una vez más? Claro está que sí el no persiste es de esperar que no se insista más. ¿No?

Él rozaba su cuerpo contra el mío. Me abrazaba y cada vez con más presión. La fuerza en el sexo no es algo que me asuste, me gusta en cierta forma, tanto usarla como que la usen conmigo. Hablo por ejemplo de esa sensación que produce abrazar a un chico con toda tu fuerza, intentando decirle físicamente que es que eres lo suficientemente vigoroso para darle placer, cuidarle y protegerle.

No sé que pasaba por su cabeza pero sí puedo decir que sentir su fuerza no me hacía sentir protegido. Me sentía controlado, sometido y humillado en una forma que no me gustaba.

Nunca dije de forma contundente: ¡No! Pero se lo dije de muchas formas:  No quiero, follemos mañana, no me apetece, ahora no, estoy casado, no quiero y no.

Mi continua negativa se diluía en todo el alcohol que yo había bebido y en sus ganas, las pocas de escucharme y las muchas de follarme. Mi gran pregunta es: ¿Si hubiese dicho el no categórico Carles hubiese parado?

Puso su polla en mi boca y me dijo que se la comiese. Lo hice sin ganas y con desagrado. Creo que no le gustó. Decidió follarme. Digo decidió porque no fue una decisión que tomamos juntos. Él decidió penetrarme y lo hizo. No me dolió mucho pero fue incómodo.

No.—Dije varias veces, casi las mismas veces que su pelvis chocó contra mis glúteos.

—Relájate y déjate llevar. —Decía a veces.

Yo lo intentaba pero no podía. Al final solo quería que se corriera para poder dormir. Se corrió y yo me quedé dormido.

Desperté al otro día y no me dolía. Tenía resaca con todos sus síntomas. No sentía nada en especial. Hasta que me di la vuelta y le vi. Sentí asco. Fué la primera vez en mi vida que sentí asco hacia una persona. Era un tío guapo, en forma e interesante pero lo único que yo sentía hacía él era asco. No quería hablarle. Solo quería irme. Intenté vestirme sin hacer mucho ruido pero se despertó. Me preguntó que si quería algo para desayunar y yo le dije que me quería ir, que tenía que estar en mi casa para recibir un paquete.

—Menos mal follamos anoche y no esperamos a la mañana. —Me dijo.

Sentí rabia. Quería decirle algo, reprocharle y reclamarle pero tenía la sensación de no poder acusarle de nada y de que era mi culpa. Me despedí y me fuí.

Salí de su casa y os puedo decir que rápidamente volví a la normalidad. Si no fuera porque perdí mi placer anal podría decir que poco me impactó. 

Meses después lo volví a ver. Me saludó y me invitó a una copa. Dije que no haciendo un gran esfuerzo por disimular aquella sensación. La misma que tengo cada vez que lo veo: asco.

Categorías:Relatos

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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