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Primera Vez

Marc y yo fuimos al bar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente. Todo muy igual, las mismas personas reaccionado con los mismos gestos ante los mismos estímulos musicales. Algunas veces, me parece divertido, pero otras patético. En todo caso, a veces hay chicos guapos y ligas. Y bueno, el hecho de tener conocer la playlist del sitio también te da confianza. Es como ir a una clase de zumba, montas y practicas tu coreografía.

Pero esa noche, estaba ella. De forma natural había creado su espacio para bailar en la pista de baile. La gente estaba apretada por todos lados, pero ella tenía espacio para bailar. Sus movimientos fueron lo que me llamó la atención. No bailaba una coreografía, se movía con sentimiento haciendo de su cuerpo una extensión del sonido, un instrumento más, impactado por la melodía.

Mientras pedía la copa, no paré de mirarla y de estudiarla. No venía de despedida de soltera, ni tampoco estaba acompañada de ningún chico gay. Parecía que había ido sola. Evidentemente, no era el único que sentía interés por ella. Un par de chicos, aparentemente heteros, la rodeaban. Uno de ellos se acercó y ella, claramente, le mostró no estar interesada. El otro no se le acercaba más, pero su mirada resultaba hasta violenta.

– Marc vamos a ese lado de la pista.
– ¿Qué? ¿Te ha molado el moreno alto? A mí también, pero creo que es hetero aunque te mira de vez en cuando.
– Da igual, acerquémonos.

Sin dudarlo, el moreno estaba muy bueno. Pero en esa noche, por alguna razón que desconozco, ella me llamaba más la atención. Entonces sonó: Miénteme, interpretado por David Bisbal y Gadel. Pensé: actitud de macho. Y me acerqué a ella. Ella reaccionó a mi baile o yo al de ella. No lo sé. Rápidamente nos acoplamos. Cantábamos y bailamos. Yo intentaba cantar lo más macho posible, según mi criterio. Quería conquistarla a ella y mostrarle al moreno que debía retirarse.

En la segunda parte de la canción en la parte que dice: pero tu amor es como un vicio que ya no quiero dejar…. Ella me dio la espalda y se acercó a mi, juntando sus caderas con las mías. Mientras bailábamos pude oler su pelo y respirar sobre su cuello. El moreno estaba enfrente de ella, no muy cerca, pero tampoco muy lejos. Me miraba directamente a los ojos, yo diría que con una expresión de rabia. La tome de la cintura de forma instintiva. No sé si era el hecho de ver al moreno cabreado o simplemente ella, pero me empalmé. Cambié la posición y busqué la forma de que no se notara.

Terminó la canción y le pregunté:

– ¿Cómo te llamas?
– Paola
– ¿Tú?
– Carles, encantado.

Noté en su voz un acento extranjero.

– ¿De dónde eres?
– De Italia y ¿tú?
– De aquí
– Oye, voy a ir con amigo a la barra por una copa. ¿Quieres algo?
– ¿Tu amigo o novio?
– Amigo, vengo aquí por él. Por acompañarlo. ¿Te pido algo?
No. Tal vez más tarde.

No sé por qué respondí eso. Ni tampoco sé por qué usaba una voz más grave. Ni por qué quise dejarla con la duda de si era gay o no. Porque soy gay, o al menos lo he sido por 34 años.

– ¡Qué guapa! Y cómo baila.
– Sí, es muy guapa. Camarero: un puerto de indias con Sprite y un cubata por favor.
– Espera te doy el dinero.
– No, yo pago esta ronda y tú la siguiente.
– Carles, creo que el moreno se está acercando a la chica. Ese no es de nuestro equipo, dalo por perdido.
– Eso lo veremos.

Como todo lo que había hecho hasta el momento, no sabía cómo ni por qué, pero no iba a dejárselo tan fácil al moreno. Algo en mí, tal vez un instinto primitivo o machista, me invitaba a competir contra el moreno por la atención de Paola.

De nuevo nos situamos a su lado. El moreno seguía hablando con ella. Intentado ganar una batalla perdida. Mientras hablaban, él le decía cosas al oído y me miraba.

Yo por mi lado, sólo intentaba que Marc no hiciera mucho mariconeo conmigo.

De nuevo la música: Lo Malo, de Aitana y Ana Guerra. Me acerqué a ella y a bailar. De nuevo: magia, conexión, atracción y el olor de su pelo. Cómo me gustaba. Su vestido descubría parte de sus senos. Mi mirada se sentía sorpresivamente atraída hacia ellos. Intentaba evitarla y no ser un baboso, pero no podía dejarlo.

– Oye, ¿te gustan las chicas?
– Sí, eso parece. ¿No? (Con voz mucho más grave que antes)
– ¿Te gusto? Me pareció que sí antes.
– Si.

Nos besamos. Me encantó besarla y rodearla con mis brazos mientras lo hacía. Era como besar a un chico más pequeño. Me sentía a gusto, no era solo la atracción que sentía hacía ella, era esa sensación que me producía tomarla en mis brazos.

El moreno se despidió de ella con una señal y se fue. Marc flipó un poco, aunque siguió bailando cerca de nosotros.

Al terminar la canción ella se fue al baño, le dije que la esperaría en el mismo sitio.

– Carles, ahora te gustan las tías.
– No lo sé.
– ¿Cómo así que no lo sé? Es un beso y ya está. ¿No?
– Quiero más. No sé, no sé qué pasa.
– Pero si nunca has estado con una mujer. Es una mujer, ¿no? ¿O tiene polla?
– Es una chica. Y quiero más que besarla.
– Joder, la peña está fatal. Y, ¿entonces?
– Pues no sé, Marc. Aquí estamos. Vamos a pasarla bien. No sé.
– Bueno yo seguiré ligando con ese chico. Míralo, ¿a qué está bueno?
– Si, lo está.
– Ya viene ella. Me voy a por el chico. Si necesitas algo, pues estoy por aquí. Y mira, tengo media viagra, por si la necesitas.
– ¿Qué haces tú con viagra?
– ¿Qué haces tú ligando con una tía?
– OK. Lo pillo.

Paola y yo fuimos a por una copa. Ella me invitó. Me gustaba como se movía, como le hablaba al camarero, como me hablaba a mí, como se me insinuaba.

Seguimos bailando y hablando hasta que cerraron el sitio. Marc ligó y se fue, pero me dejó la media Viagra. Lo agradecí. Nunca había visto una vagina no sabía cómo iba a reaccionar al verla.

Nos fuimos a su casa. Nos servimos un par de copas, pero antes de terminarlas ella tomó la iniciativa y nos empezamos a besar. Yo tenía como recurso el sexo oral. Era muy bueno en ello y aunque no conocía una vagina estaba seguro que algo de placer si podría darle.

No tardé mucho en darme cuenta que ella me dirigía. Mientras me besaba, acercaba su mano a mi entrepierna y yo tocaba sus senos. ¡Qué olor desprendían! Me gustaba más aún que el olor de su pelo, que ya me traía loco. Me quitó la camisa y acariciaba mi cuerpo. Yo hice lo mismo con ella. Empecé a besarla con suavidad, a pasar mi lengua por su cuello bajando hasta el pecho. Besé sus pezones como lo solía hacer con los chicos. Los de ella eran más grandes y eso me ponía más cachondo. La preocupación por estar duro se me fue, parecía funcionar todo correctamente.

Entre los besos y las caricias la abrazaba fuerte y su reacción, me excitaba aún más.

Ella me desabrochó el vaquero. Me lo quité y me quedé en gayumbos. Mi entrepierna casi que se podía ver. Ahora mi reto era tocar su sexo. Era algo nuevo para mí. Yo humedecí un par de dedos de mi mano con mi boca (no sabía si era necesario o no, pero la costumbre…) y ella tomó mi mano y me enseñó donde y como tocarla.

Yo estaba muy excitado, tanto que ahora me preocupa llegar antes de tiempo. Estaba nervioso sin lugar a duda y ella lo notaba.

Nos besamos y luego ella bajó. Fue increíble. Me encantó. Me pareció increíblemente suave y lento. No tenía prisa. Los disfrutaba al igual que yo.

Todo era tan nuevo como excitante para mí. Sin duda era mi primera vez y, sin duda, no era su primera vez con un primerizo.

Me guío en todo, dirigió mi sexo a donde debía ir. Nos dimos placer mutuamente. Mis miedos se sumergieron en la excitación y disfruté cada momento con ella. Yo sin duda me corrí. Ella creo que también lo hizo. Me quedó la duda, porque no tenía forma de comprobarlo y además tenía en la cabeza las historias de mis amigas, contándome cuantas veces han fingido un orgasmo.

Ya en la cama y mientras ella fumaba un cigarrillo. Le pregunté:

-¿Te corriste?
– Si y me gustó.
– ¡Qué bien!
– Si, bastante bien para ser tu primera vez.
– Uy, ¿cómo lo sabes?
– Bueno, no es la primera vez que follo con un gay curioso.
– Gay curioso, jamás había oído eso.
– ¿Te gustaría hacer un trio?
– No sé si yo pueda hacer un trio con dos chicas. Contigo ha estado bien, pero no sé si con dos chicas funciones. Es decir, eres la primera tía con la que hago algo así….
– Sería un trio con mi chico. Es hetero curioso y llega de trabajar en dos horas. Podríamos descansar un poco y esperarle.

Ahí la cosa había dado un giro interesante. Un trio con un chico hetero sería genial. Pero me preocupaba que no me fuese a gustar.

– Mola, ¿tienes alguna foto de tu chico?
– Bueno, le conoces. El chico que estaba conmigo ayer, el moreno. Le gusta hacer de activo en la penetración, en lo demás es totalmente versátil. ¿Te gusta?
– Sí.

Andrey Montero

Categorías:Relatos

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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