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Simulacro

Las sirenas sonaban en el edifico. Yo estaba en el vestuario y pensé: “¿cómo voy a salir sin secarme el pelo?” A mi alrededor parecía que nadie escuchaba nada. Un chico fotografiaba sus músculos en el espejo para Instagram, otro, se tomaba su proteína y se comía el plátano acompañado del fuerte olor que caracteriza un vestuario de gimnasio, otro, utilizaba el secador que yo esperaba para secar su vello púbico y el chico Marvel, el chico que siempre va con una camiseta de Marvel, aquel con el que suelo intercambiar miradas,  y que parecía estar intrigado por la situación, preguntó:

– ¿Será un simulacro?

– ¿Importa eso? – Respondí.

Antes de que el chico Marvel respondiera, el chico que usaba el secador para su vello púbico dijo en voz alta y ronca:

-¡Es un simulacro, seguro!

Yo pensé: “Y éste: ¿Cómo sabe que es un simulacro?”. No dije nada, no quería que me explicara su razonamiento y por eso tardara más tiempo con el secador, además tenía tres preguntas en mente:

-¿Por qué estoy ignorando una alarma que me está alertando de un posible peligro?

-¿Por qué alguien se seca el vello púbico con un secador?

-¿Por qué desde ya tenía claro que no iba a aprovechar la oportunidad para hablarle al chico Marvel?

Las sirenas habían estado sonando por más de tres minutos, pero cuanto más sonaban, mis compañeros de vestuario parecían más tranquilos.

Por fin, aquel chico desocupó el secador y me pude empezar a secar el pelo.  Mientras me miraba en el espejo, aprovechaba para ver al chico Marvel secarse la entrepierna con la toalla (como es de esperarse) e, ignorando la alarma, me fijaba en sus piernas, en su culo y, cuando la toalla lo permitía, en sus huevos y su polla. Él también me miraba.

Me distraje pensando y no caí en que el chico (que se secaba el vello púbico con el secador) se había acercado y me estaba diciendo algo. Lo vi por el reflejo del espejo. Apagué el secador y le dije:

– Perdona, no te escuche muy bien.

– Tienes razón, qué importa si es un simulacro o no, ante la alarma deberíamos actuar.

El Chico Marvel, ahora vestía una camiseta blanca de Batman que caía lujuriosamente sobre su pecho y sus hombros y un vaquero ajustado que, junto con las imágenes que la toalla dejó escapar, minutos antes, me daban una idea idea completa de su entrepierna. Y aunque me miraba discretamente mientras se cambiaba, se fue y no me dijo adiós.

Me sequé el pelo y en la recepción pregunté qué pasaba. Me dijeron que hubo un pequeño corto-circuito que activó el sistema de alarmas.

¿Entonces, no era un simulacro? – pregunté al recepcionista.

A lo que él respondió: “No, no lo era. Pero menos mal no fue nada grave, parece ser que la gente asume que es un simulacro e ignoran las alarmas”.

Llegué a casa, puse el filete de pollo en la plancha y, mientras sacaba la ropa sucia de la mochila y mi nariz decidía si ya era momento de lavar los guantes del gimnasio, pensé:  ¿Cómo te define el hecho de asumir, inmediata y contundentemente,  que es un simulacro algo que podría ser real? Encendí el televisor y puse el episodio de “Jessica Jones” que quería ver.

Di la vuelta al pollo y con su sonido de fondo, mientras se cocinaba en la plancha, busqué una respuesta. Existían varias opciones, pero pensé que hemos vivido más simulacros en toda nuestra vida que tragedias reales. ¡Afortunadamente! Y al final, todos estos simulacros en lugar de prepararnos para afrontar un hecho real nos vuelven incrédulos.

Recordé mi primer trabajo, mi oficina estaba en el piso 30 de un edificio. Durante los simulacros debía bajar 30 pisos por las escaleras de incendio, exteriores, con lo cual el frío del invierno y el calor del verano hacían menos agradable el trayecto. Luego, ya abajo, reunido con el grupo que me correspondía, el momento en que nos informaban que era un simulacro me resultaba casi decepcionante. Está claro que sería peor si hubiese ocurrido una desgracia pero inmediatamente me surgía una pregunta:  ¿Vale la pena que baje estos 30 pisos por nada? ¿Vale la pena que deje mi trabajo a medias por algo que no es real? Estas preguntas rondaban mi cabeza mientras regresaba a mi puesto de trabajo, un trayecto que teniendo en cuenta las largas filas que que se formaban para acceder a los ascensores,  resultaba en al menos unos 20 minutos más de lo normal.

Ya en la cama, después de cepillarme los dientes y tomar mi infusión para dormir, pensé en el chico Marvel, miré su Instagram y me hice una paja.

En el tren de camino al trabajo, como todos los días, decidí que hoy le hablaría: cuando le vea haciendo su rutina le diré de compartir la máquina y luego le hablaré de Jessica Jones. En una historia de su insta la había posteado.

En el café de la mañana pregunté a un compañero de la oficina, que es brigadista, sobre la efectividad de los simulacros. No sé exactamente cuales son sus responsabilidades, pero le han dado un chaleco amarillo que tiene puesto en la silla y sé que si algo pasa debemos encontrarnos con él en un punto fuera del edificio.

Me dijo que no lo sabía y que cada vez que se hacía un simulacro, según él, lo hacíamos peor. Remarcó que la gente no se preocupa por salir rápidamente, terminan de enviar los emails que están escribiendo, cierran las meetings que tienen, preparan el cigarrillo o se van al baño y no desalojan lo antes posible. Yo pensé: “Vamos, se secan el pelo, como yo”.

El día de trabajo transcurrió sin más y ya era hora de ir al gym. Como esperaba, me encontré con el chico Marvel. Hoy llevaba otra vez la misma camiseta. Me acerqué tal y como lo había planeado y tal y como lo esperaba, no le dije nada. En cambio, me encontré  con el chico que usa el secador de pelo para su vello púbico. Me dijo: tío, ¿te importa compartir la máquina conmigo? Le dije que no. Se ponía el doble de peso que yo y, por alguna razón, le dio un golpe de calor a su actitud hiper-masculina, que a veces me parecía forzada y me molestaba.

– ¿Sabes que al final no fue un simulacro?

– Si. Me lo dijeron en recepción.

-Ya, ¿te imaginas que hubiese sido algo grave y nosotros pasando?

-Bueno, si fuese algo grave hubiéramos escuchado a gente corriendo o gritando.

-Si, ¿pero que te hace pensar que los escucharíamos? No sabemos que podría estar pasando, lo único que sabemos es que deberíamos evacuar para estar a salvo. No quedarnos ahí secándonos el pelo.

La conversación me distraía, pero no perdía al chico Marvel de vista.

Mi compañero temporal de máquina sudaba mucho y su olor era muy fuerte. Me resultaba un poco desagradable aunque tengo que decir que se preocupa por secar el sudor que dejaba en la máquina.

Al terminar sus series, después de sacarse el gayumbo del culo y acto seguido acomodarse la polla, me dice: oye tío: ¿quieres tomarte algo al salir?

Tal vez debido a que su olor me tenía aturdido, dije que si. Y sin pensarlo, estaba en su moto de camino al mirador de Monjuic a tomarme una Franziskaner que compramos en un chino.

Me preocupaba que se me hiciera tarde porque al día siguiente madrugaba.

Subimos al mirador y empezó a contarme su vida. No era de Barcelona, era de Madrid. Había venido a Barcelona con su novio y lo habían dejado. Dijo: Madrid me gusta, pero a nosotros no, antes, cuando había un nosotros. Mi exnovio era del norte, decía que Madrid era muy seca para él, que le quemaba respirar, tanto en verano como en invierno. Decía que necesitaba el mar, que Madrid era muy grande, y que necesitábamos, en plural, un cambio. Y bueno, pues decidimos venir a Barcelona. Pero parece ser que Barcelona era demasiado húmeda y rápidamente decidió, en singular, regresar a Madrid. Yo decidí quedarme. Y se acabó. No era la ciudad, tío, era yo. No necesitaba cambiar de ciudad, necesitaba dejarme. Ya llevo tres años. Y tu, ¿cuál es tu historia?

¿Mi historia? Mi historia es que no tengo ninguna. Tengo 35 años y no he logrado conectar con ningún chico en mi vida. Mi historia es que soy bastante raro y que mi vida amorosa no es más que una sucesión de simulacros en los que tengo que bajar de un edificio de 30 pisos cada vez que suena la alarma. Y después de tantos simulacros, yo ya no bajo, simplemente me quedo allí, donde creo que estoy a salvo. Por supuesto, no le dije eso:

-No tengo mucho que contarte. No he tenido una relación en toda mi vida. Bueno una relación que valga la pena recordar.

-Yo no se si la mía vale la pena. ¿Te gustan los chicos?

Me sorprendió su pregunta, creía que lo daba por sentado. Mi entorno siempre ha dado por supuesto que yo era gay, incluso cuando yo no lo sabía.

-Si, me gustan los chicos.

-Guay, tío. Pues si alguna vez te apetece echar un polvo o tomar algo o dar una vuelta en moto me lo dices.

De repente, aquel el chico que utilizaba el secador para su vello púbico, despertó un poco mi interés.

Estábamos terminando la cerveza y pude escuchar el sonido de las notificaciones de Grindr provenientes de su móvil. Sacó el móvil de su bolsillo y sin la menor discreción respondió a los mensajes. 

-Tengo que ir Gracia, te dejo sobre Paralel ¿te viene bien? Preguntó.

-Si, contesté yo.

-Genial. A todas estás me llamo Alberto, ¿tú?

Supuse que había quedado para echar un polvo, ya que no intentó nada conmigo.

Llegué a casa e hice la rutina de siempre, saltándome la serie por motivos de tiempo. Aunque ya era hora de dormir no podía hacerlo. Le escribí un mensaje a Alberto: la pasé bien. Y lo mismo, si te apetece escríbeme y quedamos. Recibí el doble check azul a los 2 minutos y a los 10 minutos respondió con una carita feliz. Eché un vistazo al perfil del chico Marvel en Insta, imaginé a que olía y, releyendo algunos de sus posts, concluí que no debe ser el tipo de chicos que usa Grindr.

En la mañana, me desperté bastante animado y decidí saltarme la rutina así que fuí a correr y a nadar antes de ir a trabajar. Había poca gente en la playa, como era de esperarse, y aproveché para darme un baño en bolas.  Al salir, me encontré a un amigo, antiguo pretendiente, que estaba corriendo. Hace años que no le veía y entre otras cosas me preguntó:

-¿Y como andas, ya te casaste?

-No, sigo igual. Soltero.

-¿Pero quieres tener pareja?

-No, estoy muy bien solo.

Estaba bien solo. Pero sí que quería tener pareja. El problema es que las cosas no se daban. Mentí por que no quería recibir consejos de cómo tener un novio. Menos de alguien al que decidí descartar por que roncaba y con el tiempo me arrepentí. Ahora lleva 3 años en un relación que desde fuera parece muy bonita.

Le dije que tenía prisa por ir a trabajar, nos prometimos el café del nunca jamás, y me despedí. 

En la tarde, mientras estaba en la oficina, recibí un mensaje de Alberto. Me decía si quería ir al cine con él, que hoy era el día del espectador. Le dije que no, pero que podíamos ir al día siguiente, y que yo invitaba. Ese día, el chico Marvel estaría en el gym y yo había planeado hablarle y si todo salía bien, tomarme algo con él al salir.

Llegue al gym y, por suerte, Alberto no estaba. En cambio, el chico Marvel estaba haciendo su rutina de pecho. Me acerqué a la maquina de press de banca donde estaba y, como tenía sus cascos puestos, le hice una señal preguntándole si nos turnábamos. Rápidamente, me contestó: me queda una. Terminó la serie, me explicó con gestos que había terminado y se marchó.

Cuando me faltaban un par de series para terminar la rutina, desde lejos me hizo una señal para decir que se iba ya. No me dio tiempo a responder y se dio la vuelta. Me sorprendió que me lo dijera y supuse que debía decidir si continuar con mi rutina o bajar, “encontrarme” con el y averiguar si él quería algo o no.  Inmediatamente, recordé el simulacro, y me dije: esta vez no tengo que bajar 30 pisos, es sólo 1. Lo pensé por unos minutos y bajé. Lo encontré poniéndose el bañador y cuando me vio me preguntó, en un tono de voz bastante bajo y asegurándose, con la mirada, que no hubiese mucha gente:

-¿Cuantos metros sueles nadar?

-2000 – le respondí – en 40 minutos.

-Yo hago 1000 en 30. ¿Nadaras ahora?

-Si, me cambio y voy

-Nos vemos allí

Me sorprendió que supiera que yo nadaba. Estaba claro que también se fijaba en mi. Me puse el bañador y entré en el mismo carril en el que él estaba.

Cuando era adolescente, uno de las primeras imágenes homo-eroticas que definieron mi vida era ver el cuerpo de los otro chicos en el agua. Fuera del agua me era difícil mirar, sin ser descubierto, los cuerpos de mis compañeros natación. Pero en el agua era diferente, podía nadar detrás de uno mirándole el culo, las piernas o los pies, o girar la cabeza para mirar la espalda o el paquete del chico del otro carril. La mejor imagen surgía al hacer el viraje, llegar y ver al otro saliendo justo debajo de mi. Son unos pocos segundos en los que puedo ver y dibujar la imagen de ese cuerpo estirándose, impulsandose, mostrándose y ofreciéndose por completo ante mi.  A pesar de los años y de que los cuerpos de los que nadan conmigo ya no son de adolescentes, aquella imagen no deja de ser hermosa.

Aunque el chico Marvel nadara más lento, iría tras de él en busca de esa oportunidad. Después de varios virajes ya era capaz de retener su imagen en mi cabeza y me fue fácil,  porque estoy seguro que contaba con su complicidad. Era como un baile en el que cada vez teníamos más roces “accidentales”. Terminó su rutina y sin decirme nada pero asegurándose de que lo viera, me dijo que se iba a la ducha. Fui detrás de él una vez más. 

Sabía que en aquellas duchas se follaba, pero nunca me había pasado. Un amigo me explicó días antes que lo que tenías que hacer era dejar la puerta entre abierta y si había la oportunidad, alguien entraría.

Eso hice. Entré antes a la ducha y dejé la puerta entre abierta. Él no había cerrado su puerta, pero tampoco entró a mi ducha. Se duchó mucho más rápido, salió y, mientras se miraba en el espejo, yo lo miraba desde mi ducha. Rápidamente me di cuenta de que él también me miraba. Sostuvimos la mirada por unos segundos y, de repente, empezó a caminar hacia mi ducha. Yo me fui más para adentro para darle espacio. El chico Marvel olía limpio, a cloro.

Era todo casi como lo había imaginado varias veces. Digo casi por dos cosas: no me imaginaba que eso pasaría en las duchas, ni tampoco que él fuera tan seco. Nos encontramos mucho más que hacer que comernos el rabo y casi diría “que comerle el rabo”. Terminamos y salió de la ducha. Yo iba a más o menos detrás de él, pero me hizo una señal indicándome que yo tenía algo en el pelo, así que me quedé en la ducha y me lavé la cabeza de nuevo.

Cuando salí, ya estaba vestido y saliendo de los vestuarios. Pensé que estaría fuera esperándome, pero tampoco. Llegué a casa y lamenté no haber quedado para ir al cine con Alberto. Tenía toda la noche libre y no me apetecía estar en casa.

Le escribí a Alberto y le pregunte:

-¿Qué haces?

-Acabo de llegar a casa y me he puesto a leer.

Me sorprendió que leyera.

-¿Qué lees?

– El hombre que se llamaba jueves. Me gusta, me lo recomendó un colega.

Me sorprendí de nuevo. Era uno de mis libros favoritos. 

-Al final estoy libre hoy, es tarde para el cine, pero, ¿te apetece hacer algo?

-Si quieres, te recojo en la moto y vamos a la playa. Si no hace fresco, nos damos un baño nocturno.

– ¡Perfecto!

Me gustó mucho la propuesta y fuimos a la playa. La charla era entretenida, hablaba sobre diferentes temas, incluyendo el sexo, y parecía muy abierto en ese sentido. Algunas veces me ausentaba pensando en la actitud del chico Marvel.

-¿Entramos al agua?, Me preguntó.

-Entra tu si quieres yo cuido las cosas.

-¿De quien? Nadie nos va a robar.

-Entra tú.

Se desnudó y entró. Aunque era oscuro podía ver la silueta de su cuerpo. Definitivamente, era un tío atractivo y con todo bien puesto. Lamenté haber dicho que no. Y decidí  desnudarme y entrar al agua. 

Él dio unos cuantos pasos hacia dentro del mar y luego se sumergió por completo. Yo iba más despacio y estaba acostumbrándome al agua como me gusta. El me lanzó un poco de agua y no me quedó más remedió que sumergirme. Me gustaba, era claro. Cuando me quitaba de la mente al chico Marvel podía notar como Alberto despertaba mi interés. Y justo en ese momento, allí en esa playa era fisicamente visible que el interés de ambos se había despertado. Alberto tomó la iniciativa, me abrazó por la espada y dirigía el equilibrio para que no nos cayeramos con las olas. Sentía su entrepierna detrás mio y sus brazos abrazándome. Me sentía muy a gusto. Me di la vuelta y nos besamos.

Me propuso ir a su casa, a pesar de que rompía toda mi rutina del día siguiente y que me tocaría entrar más tarde al trabajo y por ende salir más tarde, dije que si. Llegamos a su piso. Vivía solo. Había un poco de desorden, el suficiente para decir que alguien vivía ahí. El piso olía mucho a él. A chico. Entramos, nos quitamos los zapatos, abrió las ventanas y recogió un poco. Me pasó una toalla para ducharme y quitarme la sal.

-¿Entramos juntos?

-No cabemos. Ve tu y luego voy yo. Y creo que tu necesitas un poco de intimidad. Si es lo que quieres.

Con su actitud entendí a que se refería. Me quería follar. Otra activo, me dije. Salí de la ducha y noté que había puesto los zapatos en el balcón y aún así la casa olía a pies. No se que me pasó pero no lo deje ducharse, me quite la toalla y lo besé. El insistía en ducharse, me decía que tenía un olor muy fuerte pero yo insistí y nos fuimos a la cama. Me comió la polla mucho y muy bien. Luego me folló, con cuidado, al principio y luego sin piedad. Entre más gemía yo, más cerdo se ponía él. Me dijo que estaba a punto y me pregunto: ¿Donde quieres la leche? Sin pensarlo, como cuando dices: Debe ser un simulacro, le contesté: en la cara. Y así lo hizo.  Era la segunda vez en ese día que se me corrían en la cara y la primera que yo me corría. Creo que esa diferencia hizo este polvo más digno. Empecé a vestirme pero él me dijo que me quedara a dormir que el me llevaría al otro día a casa.

Yo dije que sí, ya me había saltado mis rutinas, y durmiendo en su casa o no tendría que re-agendar mis actividades. Dije que si.

Se levantó, sacó una botella de agua, se tomo una pastilla, me abrazó un momento y luego se volteó y se hizo al otro lado de la cama. Le pregunté:

-¿Eres seropositivo?

-Si, me respondió. Indetectable.

Podía escuchar de vez en cuando las notificaciones de grindr y de wattsapp a esas horas en su móvil. Volví a pensar en el chico Marvel hasta que me quedé dormido.

Me despertó el olor de su axila. Yo estaba sobre su pecho y el me rodeaba con su brazo. Me preguntaba como podía oler tan fuerte e inmediatamente añoré al chico Marvel. El olía a limpio, a cloro. En mi intento de levantarme noté que Alberto estaba empalmado y sin pensarlo mucho, aturdido por el olor, lo desperté y le animé la mañana. 

Llegue tarde al trabajo, con un polo de dos tallas por encima de la mía y totalmente despeinado gracias al casco. Ninguno de mis compañeros de trabajo notó nada o al menos no lo comentaron y la verdad, a ese punto del día, me importaba poco. 

Encendí el ordenador y antes de empezar a leer el correo busque en YouTube: Fireworks de Katy Perry, y pensé en Rust and Bones de Jacques Audiard. No tenía mucho que ver con ese momento de mi vida pero me sentía identificado con ese momento sublime en que ella, en su silla de ruedas, simula que dirige a las orcas con esa canción de fondo.  Me pase varios días reproduciendo esa canción y sonriendo cuando el chico Marvel venía a mi mente. 

Pasaron dos días y mi vida volvió a su rutina. De Alberto no sabía nada pero esta noche estaba seguro que vería al chico Marvel. Tal y como lo esperaba, nos vimos en el gym, al terminar su rutina me hizo la señal para ir a nadar.

Yo le dije que si y todo sucedió igual que antes, sólo que entre que íbamos de la piscina a la ducha le pregunté:

-Oye, ¿te apetece que nos tomemos algo?

Tardó un poco en responder pero al final respondió:

-Si, pero hoy no puedo. Tal vez otro día.

-¿Mañana?

-Tal vez. Ya si eso hablamos.

Al igual que la vez pasada, nos liamos en el baño, salió antes que yo y no hablamos más.

Esa misma noche apareció Alberto. Me invitó a cenar a su casa el viernes. Le dije que no podía porque que había quedado.

Llego el viernes, todo como siempre con el chico Marvel. Sólo que antes de entrar a la ducha, en el pasillo, cuando le pregunté si nos tomábamos algo, me dijo que si, y luego al al momento de salir del gym, me dijo que le había salido algo urgente y que se tenía que ir.  

Le escribí a a Alberto de nuevo pero esta vez ya había quedado para el cine.

Me pasé la noche viendo la cuenta en Instagram del chico Marvel. Era perfecto! Las fotos que ponía, sus viajes, su estilo, la música a la que hacía referencia y sus historias. Era el chico ideal. ¡Un chico que no usa Grindr y que huelen a limpio!

El sábado coincidí con alberto en el GYM. Se acercó, me saludó, me acercó a él tomando mi cadera con una de sus manos, me dio un par de besos y regresó a su máquina. Como siempre, el olía y creo que eso hizo que me empalmara. Tuve que disimularlo. Le escribí un mensaje por Wattsapp:

-¿Me follas en las ducha?

-¿Cuanto te falta para terminar?

-Puedo terminar ahora.

-OK. Termino la serie y bajo.

Alberto se manejaba con destreza en las duchas. Estaba claro que ya lo había hecho antes. El polvo fue rápido pero muy bueno. Antes de salir de la ducha, me puso algo de jabón y me frotó.

Yo me quedé un ratito más y cuando salí al vestuario el ya no estaba. Al salir me lo encontré en la puerta del gym mirando su móvil. Al acercarme más me percaté que estaba en el Grindr viendo fotos de un tío. 

-¿Quieres tomar algo? Me preguntó.

-Si, me gustaría.

-¿Tienes Grindr?

-Si, hace un montón y también Tinder. ¿Tu?

-No, no uso esas apps.

-Uy uy….el tonito usuado para decir “esas” no es muy agradable que digamos.

Fingí una sonrisa.

– No, es que simplemente veo a la gente obsesionado con ellas.

-Todos tenemos nuestra obsesiones. ¿NO hay nada que te obsesione?

Si, el chico Marvel. Pensé.

– Tal vez. Respondí ¿Follas mucho tu? Le pregunté.

-No me quejo.

-A ver estas bueno, tienes buen rabo, algo guapete, vives solo y follas bien. Me imagino que no pararas.

-La verdad es que no.

-¿Follas todos los días?

-No tengo ningún problema en contestar a tus pregunta. Pero: ¿Por qué quiere s saberlo?

-No lo se, curiosidad supongo. Oye, ¿A donde quieres ir?

Si lo sabía, me estaba empezando a gustar. La “alarma” estaba sonando y quería saber si debía bajar los 30 pisos o no. Quería saber si era un simulacro más o no.

-Compramos unas birras en el chino y nos vamos al parque de la Ciudat Vela ¿Te parece?

-Si.

Pensaba en el chico Marvel y en lo que sabía de él por instagram. Estaba seguro que el sería de aquellos que no van por ahí con un perfil de Grindir y Tinder y mucho menos de los que follan todos los días con desconocidos. Vamos el chico Marvel huele a limpio, a cloro.

Nos tumbamos en el prado y nos quitamos los zapatos. De nuevo el olor de los pies de Alberto me trajo a la realidad. Él llevaba un rato hablando, pero ahora empezaba a tomarlo en serio. Contaba que hace unos meses había discutido por Grindir con un chico que va al gym. Estaban hablando para quedar y el chico le preguntó: “¿Eres masculino? Como dice mi perfil no me gusta la pluma.” Alberto, le respondió: “Me has visto en el gym pero aún así tu pegunta es absurda. La masculinidad es algo relativo”. Con lo cuál el chico respondió: “absurdo es haber intentado follar con un sidoso como tu.”

-Lo tienes puesto en tu perfil.

-Si.

-Muéstrame tu perfil.

Aparecía en una foto sin camiseta en el baño del gimnasio. Y su nombre de usuario era: Majo XL. Y tenía la siguiente información: Open minded/ Altura: 1,88/Peso: 80/ Genero: queer/ Rol: Inter activo/ En busca de: Citas,Amigos,Relación/Estado de VIH: tratamiento como prevención.

-Me sorprende que busques una relación y que andes por ahí follando con gente del Grindr.

-Uy. Follar es como comer, respirar y vivir. Para mi es un placer básico, valido y natural. Sin tabúes. 

-Ok. ¿Y eso de querer? Eres la definición del Macho.

-Jo, y eso que tiene que ver. Para mi ser queer se ser tolerante ante la expresión del genero propia y la arena. ¿Sabes tu como me siento yo por dentro? ¿Con que genero me identifico en cada momento o si me identifico con algún genero?

-¿Inter activo? Siempre me follas.

-¿Has intentado follarme?

Nos quedamos callados, me di cuenta que tenía muchos prejuicios hacia él. Y que usaba aquellos prejuicios para asumirlo como un simulacro y no como algo real. Me quejaba de su olor cuando en el fondo me atraía. Evidentemente no sabría si era un simulacro o no hasta que no bajara los treinta pisos. Era claro que la alarma estaba sonando y tenía que tomar una decisión.

Interrumpí el silencio diciendo:

-¿Te intereso para una relación?

-Te estoy conociendo pero en principio si. Por esa razón te propongo planes para saber más de ti.

-Pero entonces porque no te preocupas por cerrar el Grindr cuando no estoy.

Un poco molesto respondió:

-Otra vez el Grindir. Que pesado. No lo oculto porque no me apetece hacerlo. El día que conozca a un chico que valga la pena, y si lo acordamos, me lo quitaré. Pero por ahora no. Que debería hacer: ¿Follar con tíos del gym en los baños? 

-En los baños sólo he follado contigo.

Más molesto y un poco decepcionado me dijo:

– Y con el plumo/serofóbico ese de la camiseta Marvel.

El día que me lie con el chico Marvel y un rato después con Alberto, no ví a Alberto en el gym porque no fue a la sala de musculación pero si fue a una clase y cuando bajó a ducharse vio al chico Marvel entrar en mi ducha. 

Entendí porque el chico Marvel sólo era majo en el pasillo para ir de la piscina a las duchas. Porque nadie le vía hablando conmigo. No quedaba conmigo porque mi pluma le resultaba incomoda. 

El chico Marvel era un simulacro y un avatar tuneado por mi imaginación que idealizaba su perfil de Instagram. No tenía apps, no follaba por ahí con otros chicos y olía a cloro. El chico Marvel que yo creé no era humano, no tenía siquiera un nombre. Nunca se le pregunté. Supongo que en el fondo sabía que si me lo decía, toda la fantasía que yo había creado se vendría abajo. Es mas fácil buscar constantemente el amor perfecto y no alcanzarlo que enfrentarse día a día a la imperfección del ser amado y la propia. Treinta y cinco años creando amores sin nombres y sin olores, huyendo ante cada muestra de humanidad de cada chico con el que falsamente intentaba algo.  De repente lo supe: No he bajado los treinta pisos en toda mi vida, sólo me he secado el pelo mientras sonaba la alarma. 

Volví a encontrarme con el chico Marvel en el Gym, esta vez me acerqué sin ningún reparo en la sala de musculación, me cortaba, me evitaba y pasaba de mi. Me aviso con un señal que bajaba a la piscina. Fui con él, en el pasillo me dijo:

– ¿Podrías ser un poco más discreto?

– A que te refieres.

-Me refiero a tu actitud. Me siento incomodo cuando te pones en plan diva en el gym. Me gustan los hombres.

-Ok. Entiendo. ¿Vamos a la ducha?

Nos liamos. Salí tan rápido como él, deje un camino de plumas arcoíris desde el vestuario hasta la puerta principal del Gym. Y le dije:

-¿Nos tomamos algo?

Bastante molesto me respondió:

-Otro día. Y, por favor, si te vas a comportar así no me hables. 

– Hueles a cloro. 

No me entendió y no me importó. Mientras se alejaba solté un adiós que casi me deja sin plumas.

Al día siguiente en mi oficina, estaba en un meeting bastante importante. De repente suena la alarma. Cerré el ordenador y baje. Fuí el primero en llegar, al punto de encuentro. Coincidí con un chico con el que coincido todos los días en el tren. Al que le llamo el chico del tren. EL fumaba y me preguntó:

-¿Es un simulacro?

-¿Eso importa?

-No, al final hay que salir lo antes posible. Hasta que no sales no lo sabes.

-Al final hay que bajar los 30 pisos, sólo por si acaso. ¿Cómo te llamas?

Whatsappee a alberto:

-¿Tienes carné de coche?

-Si

-¿Pillamos un coche y nos vamos este finde semana de camping a Waikiki?

-Si.

Categorías:Relatos

Tagged as:

Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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