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Testamento

Es mi voluntad que mi ausencia te sea de buena compañía.

Que te acaricié cuando lo necesites y salga a dar un paseo cuando tu soledad sea agradable. 

Que su voyerismo te resulte excitante, y sea tu cómplice en la seducción.

Que su quietud te ayude a dormir en calma, que algunas noches,  cuando des vueltas en la cama, pronuncie mi nombre y que aquel fonema vibrando en tu tímpano te arrulle.

Quiero que rías con ella, que vivas, que acaricies y que me extrañes con ganas de volver a verme. Sin más ataduras que la felicidad que nos acompañó y la única promesa de permitirnos amar con honestidad.

Le pediré que te susurre al oído anécdotas sobre lo absurdo de este mundo, que a pesar de ello sigas pensando en la belleza humana, quieras abrir un debate y me elijas a mi como rival digno para representar la oposición.

Que, cuando no me sientas, su sombra a contra luz tome la mano de la tuya, y te recuerde el particular tacto de mis manos cuando estoy feliz y aquella sombra extraña que juntos reflejamos un otoño en la arena.

Si lo he hecho bien, aquella ausencia tendrá mi esencia, y no será más que mis restos en ti, vibrando en armonía con nuestra libertad. No será más que que este testamento que he firmado aún en vida y te he dado, por si acaso. 

Nene, es mi más profundo deseo qué fluya, como la pluma, y que algún día sea leída e inspire.

Categorías:Relatos

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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