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Una foto en blanco y negro

Convertimos, sin permiso del ayuntamiento, aquella terraza de bar en nuestro escenario. Cuatro mesas juntas sostenían: un mar de botellines de Estrella Dann; varios vasos vacíos con hielos derretidos y restos de Gin Tonic; mi tercera lata de Acuarius de Limón, unos cuantos paquetes de cigarrillos, nuestros teléfonos móviles y mis deseos de encajar. Las mesas de alrededor unían sus voces a las nuestras y nos animaban a seguir haciendo de aquella esquina nuestro San Antoni old Spanish pop music festival. La oreja de Van Gogh y el Canto de Loco como estrellas principales; Cher como invitada de honor, Marc Antony, Karol G, La Casa Azul, Love of Lesbian y muchos más como artista invitados.

Encajar, sentirme parte algo, cuando no sé con exactitud de donde soy y el deseo de pertenecer me despierta tanta pasión como vértigo, requiere de mi peculiar habilidad para deconstuir mi pasado y crear nuevos recuerdos con los mismos hechos, el mismo guión pero diferentes escenarios, actores y acentos. La música resulta ser el estímulo que activa y reproduce aquellos recuerdos para mis sentimientos que sentados en un sala de cine, aromatizada con oxitocina, aplauden durante los créditos sin ser capaces de diferenciar los guiones originales de las adaptaciones.

Cuando suenan canciones que viví en otro contexto, a miles de kilómetros, o que no cruzaron el océano y escuché por primera vez aquí, fusiono mis memorias y mis deseos y llevo a mis amigos, los de aquí y los de allá, a protagonizar momentos de mi vida en los que no estuvieron. Muchas veces, cuando estoy con ellos en un bar, suena una canción mítica y la cantamos e imitamos con precisión movimientos de los cantantes, llego a sentir que ellos, mis actuales amigos y los antiguos, siempre han hecho parte de mi vida y yo de la de ellos. Que estuvimos juntos cuando la Oreja de Van Gogh nos acompañaba en nuestras jornadas de estudio en la universidad y 12 años más tarde cuando Amaía en solitario nos canta sobre la cuarentena. Es así como siento que jamás me fui de allí y que siempre estuve aquí.

Aquella noche en el bar chino fui yo quien escogía las canciones que reproducíamos en un móvil dentro de un vaso que hacía de alta voz. Como muestras de mi acierto musical tus amigos y los extraños de las otras mesas cantaban y pedían más. De repente quisisteis, tu y tu amiga, bailar una canción que yo no había escuchado nunca. La complicidad entre tu amiga, la canción y tú me expulsó del escenario y me obligó a sentarme.

Desde ahí, dejé mi performance atrás y me convertí en el espectador de tus rizos rebotando al ritmo de la batería de aquella canción, de tus Adidas Smith blancas desgastadas empujando el suelo, de tus ojos que dejaron de mirarme y se enfocaron en tu compañera de escenario. El árbol a vuestro lado, al igual que yo, os miraba atraído por la belleza de dos almas que se han acompañado por muchas lagrimas, han bailado negritas, corcheas y redondas sobre cada linea del pentagrama, y han llegado a ser los protagonistas de Una Foto en Blanco y negro análogica. Dos almas cuyas mandíbulas encajan perfectamente en el hombro del otro.

En ese momento eché de menos unos subtítulos que me dijeran de qué iba la canción, pensé en darles el galardón a mejor recuerdo en lengua extranjera pero no aplicaba. Que la canción fuese desconocida para mí y que el ruido de la ciudad no me dejase descifrarla en ese momento, no implicaba que fuera en lengua extranjera. Opte por otorgarles el premio al mejor guión original y consideré llevarme el de mejor guion adaptado en mi bolsillo, me lo merecía por todos los años produciendo recuerdos para tener lo que ellos tenían. Decidí no grabar el momento por no perderme ningún detalle, evité moverme para que la tierra se detuviese y poder guardar cada detalle, y aguanté la respiración para que el tiempo no se esfumase.

Por un momento pensé que aquel árbol y yo sobrabamos, que las otras mesas debían ser borradas con una goma, que una luz de la farola tenia que enfocaros y el suelo debajo de vosotros debía elevarse unos cuantos metros. Cuando mi piel empezó a diluirse sobre el pavimento, me miraste y volví a respirar. Me llevé la mano al bolsillo, envolví con mi mano mi premio y robé el momento, la canción y el escenario y me imaginé a ti y a mí en un futuro cantando, saltando y bailando. A tu amiga, unida a nuestra baile, feliz por nosotros y a mi recordando el día que tu mirada se encajó en la mía, desistí de querer encajar mi pasado y decidí cambiar el futuro.

Categorías:Relatos

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Andrey Montero

Aprendiendo a escribir.

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